lunes, 10 de junio de 2013

Hablemos de Barcelona

Aquí estoy de nuevo. A veces me tiro más de medio año sin escribir y en cambio otras veces me da por reflexionar demasiado seguido. Qué se le va a hacer.

Hoy, como bien dice el título, vengo a hablaros de Barcelona, esa ciudad situada al este de la Península Ibérica y que casi todos habréis visitado o visitaréis alguna vez en vuestra vida. O eso espero. Sino maravilla que os perdéis, allá vosotros. 

Y es que la capital catalana tiene algo especial que muchos reconocen no saber qué es, pero lo cierto es que ese 'algo' está ahí. A mí la verdad es que me atrae mucho más que Madrid, debe ser porque soy isleña y necesito el mar, pero aparte de eso creo que se respira un aire completamente distinto en ambas ciudades. Y fijo que pensaréis qué hago viviendo en Madrid si tanto me gusta Barcelona. Ya os contesto yo antes de que preguntéis: en ocasiones debes elegir tu futuro en base a lo profesional. Y si algo le falta a Barcelona es mi doble grado. Una lástima.

Temas míos aparte, me gustaría enseñaros algunos rinconcitos que tal vez conozcáis por fotos o porque habréis estado, pero me apetecía dedicarles aunque sea un pequeño espacio en mi blog, que creo que se lo merecen por todo lo que me transmiten.

En primer lugar, quiero mostraros el Arc de Triomf, un monumento diseñado por el arquitecto Josep Vilaseca i Casanovas como entrada principal a la Exposición Universal de Barcelona de 1888 y que está situado entre el paseo Lluís Companys y el de San Juan. Dicen que en un principio el francés Eiffel propuso a las autoridades barcelonesas su famosa torre, pero esta fue descartada a favor de dicho arco. De inspiración neomudéjar y marcado carácter civil, destaca por su altura de 30 metros, que no deja indiferente a nadie.

A mí personalmente me encanta por ese color rojizo que le da el ladrillo, llamando la atención de todo aquel que pasa por la zona, y por las esculturas y los escudos de las 49 provincias españolas que lleva esculpidos.


Otro de mis lugares favoritos es el Parc de la Ciutadella, el que fue durante muchos años el único parque de Barcelona. Situado en el barrio de Ciutat Vella, también fue construido con motivo de la Exposición Universal de Barcelona de 1888 y actualmente es considerado Bien Cultural de Interés Nacional.

Igual soy yo que soy demasiado dada a los parques, pero este me trasmitió una paz y tranquilidad peculiar y ni yo misma sabría decir por qué. Me gusta. Me gusta y punto. En ocasiones sobran los motivos.


En tercer lugar os presento el mirador del búnker del Carmel, más conocido como el mirador de la película Tengo ganas de ti. En el año 1937, en plena Guerra Civil, se construyó un búnker antiaéreo en lo alto del barrio del Carmel, del que hoy en día aún se conservan algunos restos. Desde este lugar podemos observar una vista panorámica de 360º de la ciudad de Barcelona, única e impresionante.

Es de esos sitios en los que me quedaría días y días, en buena compañía y contemplando cómo amanece y anochece sin cansarme nunca. Por muchas fotos que pudiese ver antes de ir, hasta que no estás ahí no te haces a la idea de lo increíbles que son las vistas. ¡Recomendadísimo!


Para no cansaros demasiado, voy a terminar con el conocidísimo Parc Güell, uno de los iconos más bonitos de la ciudad. Situado en el distrito de Gracia, fue construido entre 1900 y 1914 a manos del arquitecto Antoni Gaudí por encargo del empresario Eusebi Güell, a quien le debe el nombre. Es un reflejo de la plenitud artística de Gaudí y considerado máximo exponente del modernismo catalán. 

Cabe decir que la primera vez que fui me esperaba más del sitio (creo que no soy la única), pero cada vez que repites te va gustando más. Si no habéis ido nunca os lo recomiendo e id cuanto antes, ¡que a partir de octubre será de pago! Las vistas son menos asombrosas que desde el mirador del Carmel, pero cada lugar tiene su encanto y de este destaco su colorido, su entrada (para mí lo mejor del parque) y su similitud a la casita de Hänsel y Gretel... ¡Dan ganas de comérselo!


Y esto es todo por hoy. Me he dejado mil sitios más por enseñar, pero quizás algún día haga un 'Hablemos de Barcelona II' (seguro que sí).

¡Espero que os haya gustado y que si no habéis ido nunca, este post os incite a hacerlo!



sábado, 8 de junio de 2013

De lo malo, lo mejor

Quizá escribo menos de lo que me gustaría. Quizá no valoro tanto mis palabras como las de los demás (error, lo sé, pero qué se le va a hacer, soy más de escuchar que de opinar). Quizá soy demasiado exigente conmigo misma y posiblemente al terminar de escribir esta misma frase ya la estoy modificando. Pero si algo quería hacer desde hace tiempo era volver a escribir un texto de los míos, una reflexión que incite a los demás a pensar, aunque sólo sea un poquito.

Hoy haciendo una de las cosas que más nos gusta a todos, es decir, ordenando mi habitación, he ido a dar con una cajita (o más bien caja, por su tamaño) que en un principio me daba miedo abrir por todo lo que sabía que había dentro. Supongo que no seré ni la primera ni la última que un día decidió guardar muchos de sus recuerdos en una cajita de cartón, pero la verdad es que me sorprende que aún permanezca ahí, intacta, a pesar de los años y de los sentimientos, tanto buenos como malos, que ha estado conservando.

Mirando con detenimiento todas y cada una de las cosas que escondía me han pasado miles de recuerdos por la cabeza y he llegado a la conclusión de que el viento, sea donde sea hacia donde sople, se lleva consigo las palabras demasiado rápido. Y demasiado lejos, donde sospecho que muchas de ellas nunca jamás volverán a ser rescatadas.

Me he dado cuenta también de que pocos serán los que seguirán el camino de tu vida paso por paso y muchos los que se quedarán a mitad del trayecto. Pero no hay que verlo como algo negativo. Al contrario. Todas las personas con las que te hayas cruzado te han aportado algo. Aunque sólo sea el ejemplo de lo que no quieres precisamente como amigo. Aunque sólo sea una sonrisa a medias o por compromiso. Algo es algo.

Habréis escuchado y leído un millón de veces la típica frase ‘de los errores se aprende’. Yo no creo en los errores, creo en la experiencia. No puedo considerar error una amistad que por equis razones acabó mal. No puedo considerar error un amor que finalmente no pudo ser más que una pequeña etapa de mi larga, pero a la vez corta, vida. Tal vez en el momento en el que todo llega a su fin tu ira te juega malas pasadas y te hace pensar que ‘ojalá no les hubieses conocido’. Pero pasan los años, todo se calma y una no puede hacer más que darle las gracias a todos aquellos que pasaron por su vida para no quedarse. Creo, sinceramente, que guardarles rencor no sirve de nada, pues con los años me he dado cuenta de que sólo recuerdo todo lo bueno que pasamos juntos. Y con una gran sonrisa. De lo malo para qué acordarse.

Con todo esto vengo a decir que hay que ser un poquito más humanos. Sólo debemos arrepentirnos de las cosas que no hagamos y todo ‘error’, como ya he dicho, es una experiencia. Debemos entender que estamos construidos a base de vivencias y no todas ellas pueden ser buenas (no digo desgraciadamente, porque de ser así sería todo demasiado aburrido). Que no seríamos quienes somos si no hubiésemos pasado todo lo que hemos pasado. Y sufrido. Que incluso lo malo tiene su parte buena y tocar fondo no es perjudicial si sabes cómo salir a flote.

Hay que querer(se) un poco más y preocuparse un poco menos.

Sólo una cosa más. Sed felices y sonreíd siempre. Quién sabe si con vuestra sonrisa alegráis la vida de alguien. Y seguro que mejoráis la vuestra propia.


"Las personas maduramos cuando aprendemos a dejar los recuerdos en el lugar donde merecen estar".